Desperté muy temprano por la mañana, como todos los días, di gracias al señor por tan patética existencia, ¿Qué seria del mundo sin mi hostilidad que caracteriza a un buen día?, bajé las escaleras, cortas de mi pequeña casa de INFONAVIT, y me decía una y otra vez, debiste levantarte más temprano Hermenegildo, cecilia dijo que te llamaría tempranito, y así llegue hasta la cocina, y comí como si no tuviera 18 kilos por encima de mi peso, tome una taza, herví un poco de agua y le agregué una cucharadita de café y cerca de 4 de azúcar más un poco de leche fría, y ahí que suena el teléfono, cogí la bocina con entereza, sin duda alguna de que sería cecilia.-Hermenegildo, hola, soy cecilia ¿cómo estas?¿iremos esta noche a cenar?- obviamente mi respuesta fue una positiva, no digo que ella me parecía una mujer sumamente atractiva, pero tenia lo suyo la condenada, y por tanto podría parecer que yo solamente buscaba algo así como una aventurita de una noche, pero mis verdaderas intenciones eran llegar hasta donde el tiempo y la linda Ceci me permitieran, esa noche me puse mi camisa favorita, una barata imitación de satín al tacto, pero de un de color negro opaco, al contrario del satín, y un pantalón de un color casi idéntico, la lleve a cenar a un restaurante poco elegante de hecho a una fonda a contra esquina de mi casa, ella pidió una tostada de maciza de esa que le echan al pozole, y yo, con mi característica voracidad, pedí una orden de zopes de carne y otra de papas, y como si fuera poco, al final de la “velada” ordene media docena de flautas para llevar, lo que ocurrió en la cena no fue nada importante, pero al llevarla a su casa me invito a pasar, a mi. Cecilia me invito al interior de su casa, en donde se alojaba su privacidad, y ahí dentro, me enamoro, ella no era sólo una mujercita en busca de un hombre mayor que le enseñara a vivir, me hablo con el corazón no hubo más contacto que las palabras, y desde la primera vez que la palabra amor salio de su boca, supe que esto seria duradero, y así fue, ahora, tenemos una bella niña, que se llama ximena, y para ella me encuentro escribiendo este relato, ella lo leerá cuando yo ya no me encuentre, y sabrá que el amor, supera todo defecto y diferencia de edades, que el amor perdura, y que es verdadero, sólo hay que dejarlo entrar a nosotros.